La reclusión perpetua, no es perpetua?

La defensa de Barreda había solicitado la “libertad definitiva”. La instancia fue luego de que la Cámara Penal aplicara un nuevo cómputo de la condena a reclusión perpetua que recibió en 1995, confirmada por la Suprema Corte bonaerense en 2007. Según el recálculo avalado por la Cámara, el odontólogo cumplió con 30 años y siete meses de detención a partir de esta ecuación: estuvo detenido 12 años, cinco meses y 17 días que se computan doble , porque entonces estaba en vigencia la ley del “dos por uno” (o sea, deben contarse como 24 años, 11 meses y cuatro días). Se deben sumar, además, los primeros dos años de detención y los últimos tres años, siete meses y 27 días, que se cuentan de manera “simple”.
Ayer, los camaristas Raúl Delbés, Pedro Luis Soria y Sergio Ramón Almeyda hicieron lugar al pedido del defensor Eduardo Gutiérrez y en forma unánime concedieron la condicional. “Deberían haberle concedido la libertad total, porque con el nuevo cómputo agotó el máximo de pena previsto para los condenados a reclusión perpetua”, manifestó Gutiérrez.

 EL CASO
El domingo 15 de noviembre de 1992, el dentista Ricardo Barreda discutió con Gladys Mc Donald, su mujer. Después, buscó una escopeta calibre 16,5 que le había regalado su suegra y asesinó a las cuatro mujeres que vivían con él en la casa de la calle 48, entre 11 y 12, de La Plata: su hija Adriana, de 24 años, su esposa, su suegra y su otra hija Cecilia de 26.

Terminada la matanza, salió de su casa a encontrarse con una amante, Hilda Bono. Estuvo con ella dos horas y media en un hotel alojamiento. A la noche, fueron a comer pizza y después Barreda acompañó a Hilda Bono hasta su casa. Tres días después, la Policía lo detuvo.

Barreda fue condenado a reclusión perpetua en el juicio oral y público con mayor audiencia de la historia penal argentina. Fue condenado por el delito de triple homicidio calificado y homicidio simple. "Lo volvería a hacer porque vivía en un infierno y me tenían loco", dijo el dentista desde la cárcel.
Durante el juicio oral, el odontólogo quiso justificar su brutal comportamiento: "eran ellas o yo", declaró. Según su abogado defensor, Carlos Irisarri, hoy el odontólogo sigue pensando que "si no las mataba, ellas lo hubieran matado a él".

Fue condenado a cadena perpetua.
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